Entrevista con Jaime Chávarri

Jaime Chávarri en 'Cuentos eróticos'
Fotograma de ‘Cuentos eróticos’ (1980).

A primeros de junio de este año se proyectaron en el festival coruñés de «cine periférico» (S8) los largometrajes Run, Blancanieves, run y Ginebra en los infiernos, escritos y dirigidos por Jaime Chávarri entre 1967 y 1970 y coprotagonizados por Iván Zulueta, Mercedes JusteManolo Marinero y Antonio Gasset, entre otros. Gracias a la colaboración del festival y a la amabilidad de Chávarri, tuve el gran placer de entrevistar en persona al director madrileño en una entrañable charla que deambuló por las distintas etapas de su vida y trayectoria profesional, tangentes en muchos puntos con las de Zulueta. Luis E. Parés, programador de la Filmoteca Española e historiador cinematográfico, se nos unió brevemente enriqueciendo la conversación. Dialogamos sobre la EOC y su politizado ambiente, sobre Último grito, sobre Un, dos, tres… al escondite inglés, sobre El desencanto, sobre Arrebato… y sobre cinema en general. Para facilitar la digestión de tanta información hemos dividido la entrevista en tres partes que dosificaremos a lo largo de este día, en el que estamos celebrando con mucha emoción el 70º aniversario del nacimiento de Iván Zulueta.

***

Antón López: Según tengo entendido, a Iván lo conoces en 1965, antes de entrar en la Escuela de Cine…

Jaime Chávarri: Iván se cuela en una fiesta en mi casa y me dice dos cosas: que ha visto My fair lady y me entero de quién es George Cukor, que no yo no lo sabía; y que él estaba en un sitio que se llamaba la Escuela de Cine, y que el cine era una cosa que se podía estudiar como si fuera Derecho u otra cosa… decente. Me empieza a hablar de la escuela y tal y le digo: «Jo, pues esto a mí me ha gustado siempre, voy a ver qué pasa».

Antón López: ¿Cuáles fueron las primeras impresiones que te causó? ¿Qué os unió?

Jaime Chávarri: Para mí era un señor que acababa de llegar de Nueva York, era como si estuviera conociendo a Orson Welles. No había hecho nada, ¿eh? Yo creo que no tenía ni cortos todavía, pero fue una conexión inmediata. Una conexión primero social, porque los dos éramos niños pijos, o sea los dos éramos de familia burguesa, y luego una especie de locura por el cine totalmente injustificable y sin ningún tipo de coartada. El mundo en el que vivía no existía ni de lejos. Y ambos estudiamos en un colegio de Marianistas, que para lo que sirvió fue para saber todo lo que no tenías que hacer en la vida. O sea, [había que hacer] lo contrario a lo que decían.

Antón López: Antes de aprobar el ingreso ya participas en prácticas de alumnos… ¿Conocías ya a Gasset y Ricardo Franco antes de entrar en la EOC?

Jaime Chávarri: A la gente de la Escuela la conozco a través de un crítico, una de las personas que más han influido en mi obsesión por el cine, que se llamaba Manuel Marinero. Fue crítico de El Mundo durante bastante tiempo y era un personaje totalmente enloquecido, totalmente incapacitado para la vida real porque su mundo era el cine. Sobre todo el cine americano. Era un personaje interesantísimo, fascinante y personalmente absolutamente hipnotizante, muy muy muy muy interesante. Y que fue el que me enseñó realmente a ver cine. Sobre todo el cine americano, que yo no le daba mucha importancia. Y él me descubrió a Raoul Walsh, me descubrió a Howard Hawks, me descubrió a los que yo llamaría los Directores de la Energía, que no son los Directores de la Cabeza, sino de la Energía. Y es una lección que tardé muchísimo en aprender, pero que creo que era fundamental. Y sin embargo Manolo, que tenía mil virtudes, no tenía esa energía para la vida. La vida le podía. Era una historia tremenda. Pero eran unos personajes muy únicos, que luego no he vuelto a ver repetidos en otra generación.

Luis E. Parés: Manuel Marinero hizo un corto también con Antonio Gasset como protagonista.

Jaime Chávarri: Sí, espantoso.

Luis E. Parés: Tiempos duros en Ríos Rosas.

Jaime Chávarri: Un título precioso, pero no tenía ningún sentido de la imagen. Era todo lo contrario a Iván.

Manolo Marinero en 'Run, Blancanieves, run'
Manolo Marinero en ‘Run, Blancanieves, run’

Antón López: ¿Cuáles fueron los problemas que llevaron a vuestra expulsión y al cierre de la EOC? Se responsabiliza mucho a Baena de estos incidentes…

Jaime Chávarri: El Incendiario, le llamaban, porque ponía muchas luces. Decían, no sé si será verdad, que porque tenía comisión de los sitios de alquiler de luces y entonces pedía mucho material y entonces le llamaban El Incendiario porque llenaba los platós de luz. Era un tipo muy triste…

Antón López: Borau dice que llegó a infiltrar secretas en las clases.

Jaime Chávarri: Eso se dice, eso se dice… Mira, yo entré en el 68, que era un año conflictivo, y en ese momento había en la Escuela unas prácticas cortitas de 3 minutos. En la Escuela, si habéis visto las prácticas de Patino, de Regueiro, de la gente que estaba en la escuela, se hacía un cine un poco provinciano, un poco tipo Cartas a Berta, de ese tipo. Y la generación que llegábamos no teníamos ese rollo. Entonces, en una de las prácticas yo me planté para hacer una preciosa: el asesinato de Sharon Tate. Y a hacerlo con una especie de playback de una canción de… cómo se llama…

Luis E. Parés: «Gallo negro, gallo rojo».

Jaime Chávarri: Sí, pero cómo se llamaba el autor…

Luis E. Parés: Chicho Sánchez Ferlosio.

Jaime Chávarri: Chicho Sánchez Ferlosio. Y entonces cogí para hacer de Sharon Tate a un alumno, del sexo masculino, y lo puse de travesti. Uno de los asesinos era Gonzalo García-Pelayo en calzoncillos… Total, que justo ese día Baena tenía visita y los trajo al plató, y se encontraron a unos en pelotas cantando canciones rojas y apuñalándose unos a otros con grandes cantidades de sangre y tal, y aquello causó una impresión fatal. Entonces Baena dijo que había que empezar a controlar las prácticas que se hacían, lo cual nos sentó muy mal. Justo en ese momento aparece en la Escuela un gordito, que empezó a correrse la voz de que era un espía de la Dirección General de Seguridad. Era un gordito joven, de nuestra edad, que no tenía ni puta idea de cine. Entonces se produjo un fenómeno maravilloso: le enamoramos con el cine. O sea, acabó viendo las películas de Howard Hawks, acabó viendo las películas de no sé qué… Pero cuando llegó el momento de hacer la práctica, amigo, ahí ya no llegó. ¿Cómo descubrimos que era un espía? Porque consiguió que le montaran todos los Coros y Danzas de Falange en la Plaza de Colón (risas)… Y claro, ya con eso quedó clarísimo que tenía unas influencias que no tenía nadie más.

Luis E. Parés: ¿Y no te acuerdas como se llamaba?

Jaime Chávarri: No me acuerdo como se llama, era un apellido compuesto y era el ser más gris… Pero le poníamos las películas de Donald Siegel y tal, y empezaba a entender el tío… Ah claro, porque el plano… mantener el plano… y el travelling, y tal, y la dialéctica del plano-contraplano… el tío iba como descubriendo un mundo. Era muy bonito, muy bonito. Desapareció inmediatamente. Al principio nos daban las películas en la Escuela antes de que pasaran por censura, y entonces eso Baena también lo prohíbe. Entonces prohíben las reuniones, y nosotros empezamos a hacer las reuniones durante las proyecciones, y entonces llegó un momento en que también quiso prohibir eso y entonces nos fuimos. Hubo una huelga y se fue el 90%. Y entonces Bardem, que era comunista y por entonces el presidente del sindicato vertical franquista del cine, por primera vez rompe las reglas de los directores y nos da a todos el título de dirección.

Antón López: Sin embargo Borau especula con que Bardem no quiso darle el título a Iván cuando hizo Al escondite inglés porque…

Jaime Chávarri: Es que lo suyo fue justo antes. Yo creo que fue antes de este momento.

Luis E. Parés: Pero estabas insinuando algo, ¿no? Que no se lo quiso dar por…

Jaime Chávarri: No se lo quiso dar porque Iván no había acabado la Escuela, no hubo otro motivo. Le faltaba…

Antón López: No se lo quiso dar y entonces tuvo que firmar…

Jaime Chávarri: Firmó Borau, pero no fue ningún motivo personal. Fue porque era un precedente que todavía no se había hecho. Y luego, cuando se encontró con el conflicto que toda la nueva generación se había ido de la Escuela, y era una manera de… él era un hombre listo y dijo «aquí hay que romper la regla».

Antón López: Sí, lo que iba a decir es que Borau decía que él pensaba que este cine pop quizás le pareciese un poco frívolo a Bardem y que por eso, entre otras posibles causas, no quiso darle el carnet…

Jaime Chávarri: Es posible, porque Bardem era raro, pero luego en el momento del carnet para todo el mundo se portó muy bien. Me imagino que eso supondría también un poco un desafío a las reglas que había en ese momento.

Antón López: ¿Qué recuerdas de tu participación en Último grito?

Jaime Chávarri: Era lo más interesante que se ha hecho en televisión… Además ahí se inventó el videoclip, que es una cosa que nadie sabe. No se había hecho nunca antes, y me acuerdo el primero que hizo [Iván], que fue el «Light my fire» de José Feliciano, con un maniquí que sale precisamente en Ginebra en los infiernos, que tenía Iván en su casa y que lo quemamos para hacer el videoclip. Algunas veces hice de actor, en alguno de los videoclips que rodaba, y era muy bonito. Hacíamos como pequeñas peliculitas dentro del programa.

Jaime Chávarri en 'Un, dos, tres... al escondite inglés'
Jaime Chávarri en ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’.

Antón López: ¿A qué crees que se debió la fallida explotación comercial de Un, dos, tres… al escondite inglés? Se retrasó un año y su exhibición se limitó a salas de A. y E…

Jaime Chávarri: No la quería nadie, no se vendía ni pa’ Dios la película. Yo creo que la película, que ahora te puede parecer que tiene gracia, el recuerdo que tengo de verla es que era muy muy muy amateur, con unos playbacks que estaban bien, pero con un desarrollo de guión —mea culpa—, y con unas interpretaciones y con muchas cosas muy amateur. O sea, muy por debajo, aunque tuviera otro tipo de gracia —que no sé si la tiene porque no me acuerdo—, de otros productos de ese tipo que se estaban haciendo en España al mismo tiempo. Es el recuerdo que tengo…

Antón López: Sin embargo tuvo buenas críticas, que de hecho en varias ocasiones señalaban que habría tenido mejor vida de haberse estrenado en salas comerciales.

Jaime Chávarri: Pues yo lo que no veía en la película, claro que hace muchos años, era esa cosa como de poderla igualar con el concepto que yo tenía entonces del cine que se estaba haciendo en España. Me parece que había ideas, que seguramente la película tenía un lado provocativo, pero que formalmente no… A mí cuando la vi el día del estreno, porque no la he vuelto a ver nunca, no me funcionó… Pero yo también estoy siempre muy en contra de lo que hago, o sea siempre soy muy hipercrítico de lo que hago, entonces…

Antón López: Otro de esos trabajos poco circulados actualmente es Estado de sitio (1970), si no me equivoco tu primera filmación en 16 mm, producida por Borau y con cartel de Iván…

Jaime Chávarri: No sé si se llegó a hinchar incluso, creo que sí, quedó horrible, quedo un color horrible y una calidad… Ya era mala, pero quedó… Sí, Estado de sitio lo produjo Borau. Horrible cortometraje que no sé cómo pudo ganar el premio en Bilbao. Y además fue muy gracioso porque en aquella época estaba en la comisión de censura una compañera del colegio del Pilar, que dijo: «La película de Chávarri es intolerable pero no tenemos a qué agarrarnos para prohibirla». Pero no era voluntario tampoco, no sabía que se notaba tanto que era tan impresentable. Era impresentable pero en otros sentidos (risas).

Antón López: En ella interviene como montador un futuro colaborador tuyo y de Iván, Augusto M. Torres. ¿Qué relación tenía contigo y con Borau el productor de Leo es pardo y Arrebato?

Jaime Chávarri: Conmigo mucha, porque nos habíamos conocido en un festival de Valladolid hacía muchos años y habíamos visto juntos una película de Bresson que se llamaba Au hasard Balthazar, y no había visto nunca nada de Bresson, no lo conocía…

Antón López: ¿La del burro?

Jaime Chávarri: La del burro. Me quedé obnubilado. Y Augusto era un gran admirador de Bresson, que para mí era desconocido. Me acuerdo que le traje en coche a Madrid a la vuelta y ya empezamos a hablar de cine y nos hicimos amigos de siempre. Luego Borau me ofreció una cosa de publicidad y yo llevé a Augusto de ayudante, pero yo creo que Augusto y Borau no tuvieron más relación que esa.

Antón López: ¿Es cierto que en esta época colaboraste con Jesús Franco en el guión de Las vampiras / Vampyros lesbos?

Jaime Chávarri: No, nada que ver, pero hay una historia mucho más curiosa. Jesús Franco nos encarga a Antonio Gasset y a mí que le escribamos un guión de terror. Nos paga diez mil pesetas, o cinco mil a cada uno, y le escribimos Dr. Jeckyll y Ms. Hyde. Era una historia, no me acuerdo si de que el Dr. Jeckyll se convertía en señorita cuando se bebía la pócima, o si la señorita se convertía hombre cuando se bebía la pócima, pero iba de eso. Ese guión se lo entregamos a Franco y desapareció; y cuatro o cinco años más tarde aparece una película de la Hammer estupenda, que se llamaba Dr. Jeckyll y Ms. Hyde [*Seguramente se refiere a Dr. Jekyll and sister Hyde, 1971] y era exactamente la misma historia. Y nunca supimos si fue casualidad o que este le vendió a la Hammer el proyecto por cinco mil pesetas más, porque no sería más, y ellos lo desarrollaron. Es una historia que me ha llamado la atención porque me gustaba mucho ese guión, porque era darle la vuelta al mito de Dr. Jeckyll con un cambio de sexo de por medio, entonces claro, las posibilidades que eso le permitía al personaje eran infinitas. A veces en algunas filmografías sale un guionista de una película de Patricia Adriani rodada en Latinoamérica que no me acuerdo como se llama [*Oro rojo], que tampoco tiene que ver conmigo, algo de tráfico de sangre o de algo así. Pero está bien, que haya cosas que se te atribuyan que no sean verdad, sobre todo de esta calidad, es una cosa estupenda (risas).

Antón López: Pasamos a la siguiente sección que es de El desencanto

Jaime Chávarri: Hay una anterior que es el Pastel de sangre.

Antón López: No la he podido ver aún…

Jaime Chávarri: Ni yo, y más te vale (risas).

Antón López: La que sí he visto que es la de Cuentos eróticos.

Jaime Chávarri: Joder…

Antón López: Tú eres el primero, me parece genial tu aparición, en el metro, sales mirando a cámara con un pitillo en la boca…

Jaime Chávarri: (Risas) Esa parte la dirigió Berlanga, el hijo, José Luis Berlanga, pero el proyecto era de Berlanga. Nos dijo: «¿Por qué no hacéis una película guarra?», ya sabes…

Antón López: La verdad es que tu capítulo es bastante rompedor…

Jaime Chávarri: (Risas) Era con la hermana de Ana Obregón, me parece, o algo así… una historia rarísima.

Antón López: Parte del carácter legendario de El desencanto es su fotografía en blanco y negro…

Jaime Chávarri: Su múltiple fotografía en blanco y negro, porque además eran varios operadores que no tenían nada que ver unos con otros, y encima la copia que ahora circula está hecha con los mejores trozos de las mejores copias, con lo cual ya ese lado de puzzle que tiene la película se ha multiplicado y funciona estupendamente. La vi en México y no reconocía la foto, sabía que la foto no era así… pero decía «Joder, qué bien funciona esta mezcla de tiempos, de fotos». Estaba muy bien.

Antón López: Según comentas fue para ahorrar costes de producción. ¿De verdad fue así?

Jaime Chávarri: Es que no sabíamos si iba a salir una película. Era una película hecha en vacío. Elías estaba rodando Pascual Duarte al mismo tiempo y yo no tenía equipo de Elías, tenía un operador y un ayudante de dirección, no tenía nadie más. Íbamos allí a ver lo que pasaba… De hecho cuando acabamos la película, hasta que no la vio Semprún que dijo «Joder, qué película más cojonuda» y tal… Ahí supimos si era o no era.

Antón López: Respecto a lo que comentaba del blanco y negro en El desencanto, dices que no eres un esteta, pero ¿no crees que gran parte del mensaje que viaja al espectador procede de las características del formato, como esa?

Jaime Chávarri: Pero ¿y si no lo elijo yo, y si yo ni siquiera elijo hacer la película, y si tampoco elijo el blanco y negro… dónde está el esteta? (Risas). Que saliera una cosa que estaba bien, eso es otra cuestión, eso fue suerte y que sí, que yo siempre había hecho fotografía y siempre tengo un ojo para mirar por un agujero, pero eso no quiere decir que para mí la estética sea lo que mande. Yo soy muy buñueliano y muy renoiriano, o sea a mí me gustan directores que no… Los que más me tocan son directores que no son estetas… Luego Kurosawa me entusiasma y es superesteta, o sea que depende… Es que no lo sé. Que luego de hecho el mensaje viaja así es indudable, pero eso es quieras tú o no, es una cosa que es independiente de tu voluntad. Yo por ejemplo cuando rodaba los planos de la casa de los Panero no tenía ni idea que iban a quedar tan bonitos… Eso lo rodó Luis Anchía todavía; claro, era otra categoría… Porque Teo, que era muy bueno, y que era de la escuela de Luis, inmediatamente se puso a hacer bordecitos de luz y mariconadas en cuanto Luis se murió. Y el otro era un tío encantador, que había hecho muchísimo cine pero que era cine de consumo sin ninguna pretensión. Y tuvo la enorme suerte que le tocó la escena del jardín italiano, que era donde menos falta hacía que la fotografía tuviera el más mínimo protagonismo; si Anchía se hubiera puesto a hacer virguerías ahí, igual no hubiera funcionado tan bien. Por eso digo que esas cosas no son voluntarias, te pasa porque te toca.

Antón López: Uno de los grandes personajes de tus películas y de las de Iván es la finca La Mata, ¿qué fue de ella?

Jaime Chávarri: La Mata era la casa de mi madre. Los fines de semana íbamos continuamente; era un sitio muy bonito que era gratis para rodar y te sacaba de estar rodando en un piso y tal. La finca se vendió, justo antes de empezar la crisis, menos mal (risas). No se derribó, sigue exactamente igual, los que la compraron tienen un absoluto culto hacia el lugar, la han cuidado muchísimo…

Antón López: ¿Recuerdas qué opinaba Iván de tus películas?

Jaime Chávarri: No lo sé, porque estaba tan implicado… Claro, él trabajaba de actor en las dos [Run, Blancanieves, run y Ginebra en los infiernos], y es que ni él ni yo les dábamos la más mínima importancia, no lo considerábamos siquiera underground, era cine amateur. De las posteriores sé que le entusiasmaba Las cosas del querer, siempre la llamaba «tu gran peliculón». Y sé que le gustaba mucho una película que yo tuve mucho tiempo perdida y que ahora he recuperado en Colombia, que es de la serie de García Márquez, el episodio que yo hice, que se llamaba «Yo soy el que tú buscas». La vio en televisión, me llamó emocionadísimo, que era lo mejor que yo había hecho, no sé qué, que qué buen rollo… La película era terrible porque era… Ahora me pregunto cómo me dejaron hacer en Televisión Española una película que, no es que lo fuera, pero se vio como una apología de la violación, y ahora cuando la vieron en Valladolid se me cayó el mundo encima, o sea la gente estaba indignada. En Colombia les parecía lo más normal del mundo, claro, como les matan un familiar cada dos días… Les gustó mucho, pero no había visto nadie esa película en veintitantos años. Conseguí una copia, que no la había tenido nunca y a mí no me pareció mal. Solamente se salió una señora durante la proyección, y le estaba encantando, ¿eh?, pero decía que no podía soportar las escenas de la violación. Yo decía: «Mira, tú entiende que si yo hago una película sobre la violación no voy a hacer una elipsis sobre la violación», no tiene ningún sentido. A la única que le gustó en Valladolid fue a Hanna Schygulla, fíjate… Todo el mundo la puso verde, todo el mundo que eso era una apología de la violación, y además parecía que la serie a la que pertenecía no era demasiado brillante, con lo cual se contagió también un poco de todo lo otro… Pero a Hanna Schygulla le gustó mucho (risas). 

Antón López: ¿Encuentras conexiones entre Los viajes escolares y Arrebato, más allá del escenario, cómo por ejemplo la familia casi esquizogénica de Pedro?

Jaime Chávarri: Puede ser, porque además yo creo que a Iván, que le gustaba mucho La Mata, creo que el sitio influyó para hacer Arrebato. O sea, seguramente si no hubiera conocido La Mata, Arrebato sería otra película, ¿no? Y el hecho también de que en La Mata había un señor con una cámara que era yo, o sea que todo esto está ahí…

Jaime Chávarri en 'Arrebato'
Manolo Marinero y Jaime Chávarri en ‘Arrebato’

Antón López: ¿Refilmaste tú las imágenes que aparecen como cortometrajes del personaje de Will More en Arrebato?

Jaime Chávarri: Sí, pero no eran refilmaciones. Yo le di a Iván películas de Super-8 de viajes míos a la India y hay unos planos del Ganges y de un tío así [con los brazos extendidos] que son míos. No estaban hechos para la película ni muchísimo menos.

Antón López: ¿Participaste en algo más?

Jaime Chávarri: Yo creo que no. Cuando la vi fue un shock. Además vi la primera versión, que duraba dos horas y que había metido él la música que realmente le gustaba y que luego no pudo meter, y la película era asombrosa. La otra sigue siendo asombrosa, ¿eh? Pero vamos, era algo que tenía tan poco que ver con nada de lo que se había hecho y con nada de lo que había visto nadie… Y como yo había perdido mucho contacto con Iván todo ese tiempo, realmente a mí me dejó traumatizado la película.

Antón López: Dijiste una vez que al final de Arrebato, cuando Sirgado se pone la venda en los ojos y le ametrallan, comprendiste perfectamente qué es lo que quiere decir, ¿a qué te refieres?

Jaime Chávarri: La película es un suicidio. Para mí la película es un «Hago esto y se acabó», «No tengo dónde ir después de esto», «No hay nada que contar después de esto», y yo creo que Eusebio, el personaje, es Iván.

Antón López: Para mí la historia de Arrebato no es sobre drogas ni adicciones…

Jaime Chávarri: No, no, no… Es una historia de terror y es una historia de él con él mismo.

Antón López: Yo entiendo que es sobre trascender, volver a la magia de la infancia…

Jaime Chávarri: Pero sí tiene que ver mucho con la droga, representada por el cine…

Antón López: De hecho aparece…

Jaime Chávarri: No, pero es que la verdadera droga de la película es el cine, que te engancha a algo que te destruye. Es una película de una lucidez tal… O sea, es como si de repente Iván se diera cuenta de todo lo que le ha pasado y de lo que le está pasando y… Si es que no hay mejor tema que lo que pasa de verdad, o sea, es El Tema. La vida, la muerte, lo que ha sido tu vida hasta que llegas a… Y es terrible, terrible. Yo cada vez que la veo me pone los pelos de punta, me gusta muchísimo, muchísimo…

Antón López: ¿Es este es el vuelo poético de Arrebato al que te referiste una vez?

Jaime Chávarri: El vuelo poético es también muy indefinible y para mí lo tienen películas tan coñazo como Barry Lindon, entonces es muy relativo. Es cuando estás contando algo que no tiene nada que ver con lo que teóricamente estás contando, ¿no? Entonces, para mí Barry Lindon lo que cuenta es el paso del tiempo, no la historia de este señor, y en ese sentido la puedo ver cuarenta veces, porque estoy viendo el tiempo pasar en cada plano y en cada secuencia y me da igual lo que pase en concreto, lo que me importa es otra cosa. Y Arrebato para mí es una de las películas más terroríficas que se han hecho nunca, o sea la pondría con La cosa de Howard Hawks, Los inocentes de Jack Clayton y El experimento del Dr. Quatermass como las cuatro o cinco películas que realmente me han aterrado y me han espeluznado en la historia del cine. O sea para mí sobre todo es una película de terror.

Antón López: ¿Cómo crees que era visto Iván desde la industria?

Jaime Chávarri: No lo sé, porque nunca he sabido ni siquiera cómo se me veía a mí desde la industria. Mal (risas), pero aparte de eso no… No se le veía desde la industria, yo creo que Iván jamás tuvo una oferta. Pero yo tampoco la tuve, por ejemplo. Después de haber hecho tres películas con Elías Querejeta, de las cuales dos habían funcionado de puta madre, yo en la industria no existía… O sea, eran circuitos completamente paralelos y distintos. Si a mí no me llega a llamar Matas para hacer Bearn… y aún así, después… yo sé de muchos productores que «No, no, Chávarri no, que es el de El desencanto, que hace un cine muy raro», y no saben que he hecho Las bicicletas, o Las cosas del querer, o Besos para todos, que han sido películas que han dado muchísimo dinero. Son etiquetas que se quedan y ahí están.

Antón López: ¿Mantuviste contacto con Iván tras su autoexilio en San Sebastián?

Jaime Chávarri: Relativamente, o sea de vez en cuando hablaba con él, fui a la exposición que hizo en San Sebastián, hablábamos por teléfono de vez en cuando, teníamos contacto pero se había perdido el contacto íntimo mucho antes de que se exiliara… Cuando Iván empieza a meterse en el mundo del caballo y todo eso, ya sus amigos son otros. Y algunos eran encantadores, ¿eh?, y no les pasó nada. O sea que tampoco es que quiera decir que era un mundo de drogatas, para nada… pero era otro mundo.

Antón López: ¿Qué te parecen los últimos proyectos profesionales de Iván: Párpados y Ritesti?

Jaime Chávarri: A mí Párpados hay cosas que me gustan muchísimo, muchísimo. Sobre todo ideas sueltas y tal que me gustan… Quizá a la película le falte un poquito de unidad o un poquito de algo, que no lo sé porque hace muchos años que no la veo, ¿eh? Pero tiene cosas maravillosas. El momento del reflejo de la ventana, es un momento de lo mejor de Iván… Ritesti no la conseguí ver nunca, pero Párpados sí, está muy bien.

Antón López: A mí no sé por qué pero me recuerdan a Marienbad de Resnais, esos bucles de declamaciones…

Jaime Chávarri: A mí cuando la vi me recordó cosas de Murnau, pero no lo sé. Desde luego me gusta mucho más que Je t’aime, je t’aimeMarienbad también me gusta mucho, pero hombre, lo que tenía El año pasado en Marienbad es que, si te gusta, tiene una unidad asombrosa. O sea, dentro de que es una película que no sabes de qué trata, es una película que es un prodigio de estilo, me encanta. Me sorprendió mucho porque hace tres años en una de las escuelas donde doy clase, un alumno de veintidós años me dijo, «¿Puedo hacer una escena de El año pasado en Marienbad?», y le dije «¿Y tú de qué coño conoces esa película?»; los demás le miraban como si fuera un marciano, directamente… «Es que me encanta esa película». O sea, que de repente hay gente que recupera las cosas… Y a mí me ha gustado siempre Marienbad, quizá con Hiroshima las únicas dos que me gustan de verdad de Resnais. Tiene algo de sueño, de que no sabes lo que está pasando y te da igual y no puedes dejar de mirar, y por otro lado entiendo perfectamente lo que dice toda la gente que no le gusta, y tienen razón, pero me da igual.

Antón López: Visto desde tu perspectiva de colega, ¿en qué cualidad o cualidades crees que reside lo mejor de Iván como cineasta?

Jaime Chávarri: El talento. Si es que hay una cosa que no la puedes, que no se puede… O sea, yo veo una película tan horrorosa como me parece a mí La trama, y se ve el talento por todos lados, y es una película que es tal fracaso, que yo la veo todavía y la pareja de los buenos no me parece que sean buenos, porque me caen tan mal que… y eso es la base de una película. Y sin embargo cada momento hay cosas que dices: «Joder, qué cabrón» (risas)… Y es una película que no me gusta nada. Entonces es eso, es esa sensación de que todo el tiempo hay algo… Como Marnie, que tenía un recuerdo espantoso, solamente la vi cuando se estrenó. La he vuelto a ver ahora y toda la segunda parte es asombrosa y no sé por qué. La primera parte sigue sin gustarme, pero a partir de que entra Sean Connery en la vida de Marnie… Y además es una película de puras emociones, no es una película ni de suspense ni de narices ni nada, y tiene mucho que ver con Vértigo, cosa que yo nunca imaginé que tuviera que ver… Hay algo que tienen los que de verdad son autores, los que de verdad son creadores, que de alguna manera trascienden el material. Y eso es muy difícil… porque además, para apreciarlo tienes que tener una cualidad que es, no que te guste ir al cine, sino que te guste el cine. Y si no, no te enteras. Por lo tanto es una cosa muy minoritaria y muy jodida, ¿no? ¿Cómo transmites que Marnie es una película muy emocionante? Yo cuando la vi me pareció un coñazo…

Antón López: ¿Crees que las películas se crean en los ojos de los espectadores? ¿Cuál es entonces la labor del director?

Jaime Chávarri: Sí, pero creo que eso es en el cine en general, no solo en mis películas. La labor del director es crear una película en la cual eso sea posible. O sea, crear un mundo de sugerencias en la cual cada uno pueda mirar una cosa distinta, ¿no? O sea, Kubrick institucionalmente es un gran director, pero gente a la que le gusta mucho Kubrick le parece un coñazo Barry Lindon. Yo veo en Barry Lindon algo que a los que no les gusta no ven. Pero en cambio, en otras películas, habrá cosas que ellos ven y que yo no veo. Yo muchas películas de Kubrick que creía que no me gustaban, cuando las he vuelto a ver me gustan casi todas, porque hay una personalidad tan potente detrás que, que, que… Es que yo veo La naranja mecánica, que me espantaba, y la veo ahora y digo: «Esta película no se parece a ninguna otra en ni uno solo de sus planos»… Joé macho, qué mas quieres, ¿no? Y no solamente la estética, es todo un concepto de lo que era la película, y no me gustó nada cuando la vi. Y vuelvo a ver Lolita y el único problema que le veo es que es demasiado perfecta, hasta el punto de que ya me puede parecer recortada. Pero cómo está hecha Lolita, o sea, está bien hasta Sue Lyon, si es que es una cosa… Y luego no hablemos ya de Senderos de gloria, de las películas ya, o… Pero es un cine que funciona mucho por el peso específico de una persona concreta que estaba detrás de lo que se estaba haciendo.

 

 

 

Antón López: Según he leído en prensa de diferentes épocas, el cine español lleva en crisis toda la vida. ¿Sigues pensando que el gran problema del cine español es la falta de guionistas, o la falta de productores que amen el cine, como opinaste en dos ocasiones distintas?

Jaime Chávarri: Es que en un momento dado es la falta de guionistas, y luego a eso se añade la falta de productores, y el hecho de que los guionistas inconscientemente ya escriben algo que saben que va a gustar en televisión. A mí eso me parece que es la muerte. Porque además en televisión dicen que si hay un flashback la gente no lo va a entender. Y si ves las cosas que produce Canal+ en Francia y las cosas que produce la televisión en España… Hay un mundo de diferencia. Realmente, no tienen por qué saberlo, o sea yo la última vez que fui a televisión para hacer un proyecto, era gente que no tenía ni puta idea, ni de cine, ni de cine de televisión, ni tenían porque saberlo, porque ya pertenecían a la generación que no había leído ni había ido al cine, y entonces no tenían ni puta idea. O sea, estaban hablando de unas referencias… Y además les molestaba mucho que tú dieras a entender que sabías algo que ellos no sabían, con lo cual era imposible el diálogo, porque eso se daba a entender continuamente en cada palabra (risas). Entonces yo les decía: «Bueno, qué queréis hacer…», y el silencio era total y absoluto (risas), porque lo que esperaban era que les… Entonces les presenté un proyecto y me dicen: «¿Por qué no haces la vida de Rocío Jurado?», y dije: «Pues sí… Vale, la historia de una lesbiana, tal…», y ellos «¡¡No, no, eso no, eso no!!» (risas).

 

[Entrevista realizada para la web IvanZulueta.net]

Anuncios
Entrevista con Jaime Chávarri

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s