Brian Eno, Año Nuevo, 2017.

El día de Año Nuevo de este 2017 salió a la venta el último disco de Brian Eno, Reflections. Ese mismo día Eno publicó además otro tipo de reflexiones: un inspirador texto acerca del momento en que nos encontramos como sociedad. Al ver que nadie ha traducido este texto al castellano, he decidido hacerlo, esperando que así pueda llegar (y, con suerte, inspirar) a más gente.

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2016/2017

El consenso entre la mayoría de mis amistades parece ser que 2016 fue un año horrible y el comienzo de un largo descenso hacia algo que no queremos ni imaginar.

2016 fue ciertamente un año bastante duro, pero me pregunto si no habrá sido el fin ―y no el principio― de un largo declive. O al menos el principio del fin… pues creo que llevamos unos 40 años de declive, padeciendo un lento proceso de des-civilización, aun sin percibirlo de verdad hasta ahora. Me viene a la mente eso de la rana en la cazuela, con el agua calentándose poco a poco…

Este declive incluye el paso del empleo seguro al empleo precario; la destrucción de los sindicatos y la disminución de los derechos de los trabajadores; los contratos de cero horas; el desmantelamiento de los poderes locales; un servicio de salud que se desmorona; un sistema educativo infrafinanciado y dominado por absurdos resultados de exámenes y rankings; la crecientemente aceptable estigmatización de los inmigrantes, y la concentración de prejuicio posibilitada por las redes sociales e Internet.

Este proceso de descivilización surgió al calor de una ideología que se burlaba de la generosidad social y abogaba por una especie de egoísmo justo. (Thatcher: «La pobreza es un defecto personal». Ayn Rand: «El altruismo es el mal»). Ese énfasis en el individualismo sin restricciones ha tenido dos consecuencias: la creación de una inmensa cantidad de riqueza, y la canalización de esta hacia cada vez menos manos. Ahora mismo las 62 personas más adineradas del mundo son tan ricas como la mitad inferior de su población total. La fantasía Thatcher-Reagan de que toda esta riqueza se filtraría hacia abajo y enriquecería a todos los demás simplemente no ha tenido lugar. De hecho ha sucedido lo contrario: los salarios reales de la mayoría de la gente llevan degradándose por lo menos dos décadas, mientras que sus perspectivas ―y las perspectivas de sus hijos― son cada vez más borrosas. No sorprende que la gente esté furiosa y que se aleje del lo-de-siempre de los gobiernos para buscar soluciones. Cuando los gobiernos prestan la mayoría de su atención al que más dinero tiene, las desigualdades de riqueza que vemos ahora convierten en una farsa la idea de democracia. Como dijo George Monbiot: «La pluma puede que sea más fuerte que la espada, pero la cartera es más fuerte que la pluma».

El año pasado la gente empezó a despertar y darse cuenta de esto. Muchos de ellos, en su enfado, cogieron el objeto tipo Trump más cercano y le dieron al establishment en la cabeza con él. Pero esos fueron solo los despertares más conspicuos, los más mediáticos. Mientras ha habido un movimiento más silencioso pero igual de fuerte: la gente está repensando cuál es el significado de la democracia, cuál es el significado de la sociedad y qué necesitamos para hacerlas funcionar de nuevo. La gente está pensando profundamente, y más importante, está pensando en voz alta, todos juntos. Creo que hemos sufrido una desilusión masiva en 2016 y nos hemos dado cuenta por fin de que es hora de saltar de la cazuela.

Este es el comienzo de algo grande. Implicará compromiso: no solo tuits y likes y swipes, sino también meditada y creativa acción social y política. Implicará darse cuenta de que algunas cosas que hemos dado por sentadas ―algunas apariencias de verdad en la cobertura informativa, por ejemplo― no puede esperarse que sean gratuitas. Si queremos buena cobertura informativa y buen análisis, tendremos que pagarlo. Eso quiere decir DINERO: apoyo financiero directo a las publicaciones y sitios web que luchan por contar el lado no corporativo, no establishment de la noticia. Del mismo modo, si queremos niños felices y creativos, tenemos que tomar el control de la educación, no dejarla en manos de ideólogos y tecnócratas. Si queremos generosidad social, entonces tenemos que pagar nuestros impuestos y librarnos de los paraísos fiscales. Y si queremos políticos considerados, debemos dejar de apoyar a los meramente carismáticos.

La desigualdad carcome el corazón de la sociedad, engendrando desdén, resentimiento, envidia, suspicacia, intimidación, arrogancia y crueldad. Si queremos un futuro decente tenemos que alejarnos de ella, y creo que estamos empezando a hacerlo.

Hay muchísimo que hacer, muchísimas posibilidades. 2017 debería ser un año sorprendente.

– Brian

 

Traducido de la publicación original de Brian Eno.